EL VALOR DE LOS DATOS

El sector agroalimentario lo conforman un gran número de personas , empresas, entidades e instituciones. Intervienen para crear la cadena de valor alimentaria desde el campo hasta la mesa. Pero la agricultura, ganadería, pesca y silvicultura no sólo se centra en producir alimentos, generan recursos para diversos sectores como el textil, la energía, la salud, etc.

Todo el sector y fundamentalmente el primario, contribuye de manera activa a la sostenibilidad del planeta. Es probablemente la única actividad económica que compensa gran parte de sus emisiones de CO2 de manera directa gracias a su fijación por el suelo y las plantas en las propias explotaciones.
Por supuesto contribuye con servicios ecosistémicos tangibles e intangibles, que son percibidos como de alto valor por los ciudadanos, como el paisaje, el ocio en el medio rural, la calidad del aire, la regulación del clima o la fijación de población en los territorios en los que se desarrolla esta actividad.

EL VALOR DE LOS DATOS

¿Qué dimensión alcanzan las cifras del sector agroalimentario?.

En España existen 16.929.398 ha de tierras cultivables y más de 25 millones si se suman los pastos, según datos del MAPA para 2018, con un total de 926.929 explotaciones en manos de 866.587 agricultores y ganaderos, primer elemento de la cadena. De todos ellos, el 40,5% tiene más de 65 años, y solo un tercio son mujeres. Por otro lado, el tamaño medio de la explotación en España es de 18,3 ha, aunque el 58% del total son de menos de 5 ha.
En el otro extremo de la cadena se sitúan los consumidores, 47.351.567 personas, según los últimos datos publicados por el INE en julio de 2020. Además de los más de 54.300 supermercados, hipermercados y tiendas de comercio tradicional que abastecen los hogares españoles, la cadena alimentaria distribuye sus productos a más de 360.000 establecimientos de hostelería, 8.359 residencias de diversa tipología, 837 hospitales y 17.064 centros escolares con servicio de comedor.
Europa, China y Estados Unidos son los principales destinatarios de nuestros alimentos y bebidas. Todo ello es posible gracias a la intervención de las 3.699 cooperativas agrarias y las 30.730 industrias de alimentación y bebidas repartidas a lo largo de todo el territorio nacional, que distribuyen productos y transformados a través de una eficiente red de distribución que cuenta con cerca de 400 plataformas logísticas distribuidas de forma equilibrada por todo el país.
Tanto la producción como el aprovisionamiento, la transformación y la distribución presentan una elevada demanda de consumos intermedios, materias primas y servicios: desde las plantas y semillas, el agua y la energía, los insumos agrícolas y ganaderos o las materias primas para el envasado y embalaje de los productos transformados, hasta los servicios técnicos, agrícolas, financieros, de mantenimiento, los edificios y equipos y el transporte. Esta realidad ejerce un importante efecto de arrastre sobre múltiples actividades económicas auxiliares que completan la cadena de valor alimentaria.


El sector agroalimentario español genera cerca de 2,4 millones de empleos, el 11,8% del total nacional.

La contribución del sector agroalimentario a la economía española, fue de 102.983 millones de euros en 2019, según el último estudio del Observatorio del sector agroalimentario de Cajamar, lo que supone el 9,1% del valor añadido bruto español. Genera cerca de 2,4 millones de empleos, el 11,8% del total nacional. Por su parte, las exportaciones alcanzaron en 2019 un valor de 53.180 millones de euros, con un aumento del 5,2% respecto a 2018, representando un 18,3% de las exportaciones del conjunto de la economía nacional, según el Informe Anual de Comercio Exterior 2019 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

SECTOR AGROALIMENTARIO

Efecto de la pandemia


Durante 2020, la pandemia de la COVID-19 ha supuesto un golpe de gran magnitud en las economías mundiales, incluida la española. Pese a todo, el sector agroalimentario español ha sido uno de los pocos que ha mantenido su posición y productividad, viéndose reforzado a pesar de la crisis sanitaria, poniendo de manifiesto su carácter estratégico y su importancia como pilar esencial de la economía española. Si bien ha sufrido un retroceso como el resto de los sectores, ha sido el menos afectado. El repunte de las exportaciones ha compensado en gran medida la disminución del consumo interno de determinados
productos, del canal HORECA y del turismo. El consumo interno siempre estuvo garantizado gracias a una cadena alimentaria, desde el campo a la mesa, que ha cubierto las necesidades y demandas de los consumidores y ha sido capaz de adaptarse rápidamente a los cambios. Algún día debería reconocerse su labor en justo pago a su fundamental contribución a la salud, el bienestar, la estabilidad y la prosperidad de toda la sociedad en estos aciagos tiempos de crisis sanitaria. Ahora lo prioritario es frenar la expansión del coronavirus SARS-CoV-2 para salvar vidas, disminuir la presión hospitalaria, recuperar las relaciones interpersonales, posibilitar la movilidad de personas en todo el mundo y volver a una normalidad que algunos denominan como nueva pero que, simplemente, será distinta, fundamentalmente porque los cambios que ya venían produciéndose se han acelerado vertiginosamente, afectando también al sector agroalimentario. El aumento de la demanda de alimentos en los hogares y la reducción de la movilidad de los ciudadanos ha modificado sustancialmente el perfil del consumidor, encaminándose hacia consumidores hiperconectados y digitalizados. En la actualidad hay más de 5.000 millones de consumidores que interactúan con datos, y en siete años serán más de 6.000 millones, lo que representará el 75% de la población mundial estimándose que para 2025 cada persona en cualquier parte del mundo interactuará con dispositivos conectados cerca de 4.800 veces por día, lo que implica una interacción cada 18 segundos.

En 2020 el volumen de datos creados ha rondado los 40 zettabytes, con un crecimiento del 15% sobre la era anterior a la COVID, el mayor desde que en 2012 se superará por primera vez el zettabyte de tráfico de datos. También el flujo de datos se acelera, esperando un volumen de 175 zettabytes en 2025, según un informe de la consultora IDC-Seagate. Cuando se traducen 40 zettabytes a unidades de almacenamiento en otros sistemas naturales o artificiales puede comprenderse la dimensión del tráfico de datos actual, equivaliendo a 400 millones de discos duros de alta capacidad o 40 millones de cerebros humanos. Además, el 50% de los datos se almacenan en la nube y, según el mismo informe, gran parte del incremento de datos vendrán de los más de 150.000 millones de dispositivos que estarán conectados a la red.

Las fuentes de datos son diversas y en muchas ocasiones muy específicas según la actividad económica o el sector. A modo de ejemplo, solo las imágenes de las plataformas espaciales Sentinel-2 y Landsat-8 generan sobre las tierras cultivadas del mundo 350 Tb2 anualmente. Por otro lado, si se instala un sensor por cada 50 ha de tierra cultivada, registrando datos cada minuto, se generarán 202 Tb adicionales. Así, una explotación de 50 ha generará, sólo con imágenes satélite y un sensor midiendo una sola variable a la hora, un total de 98,2 Gb anualmente.

DATOS MUNDIALES DE AGRICULTURA
Datos generados a nivel mundial (4.795 millones de ha según el Banco Mundial en 2018) y para una finca tipo de 50 ha, solo con imágenes satélite de Sentinel-2 y Lansat-8 más un sensor en la parcela.

La circulación y almacenamiento de esta ingente cantidad de información apremia también al sector de las infraestructuras de datos. España ha atraído importantes infraestructuras digitales en los últimos años y ya compite por ser el principal polo de intercambio de datos del sur de Europa. Los anuncios de Google, Microsoft y Amazon sobre el despliegue de sus infraestructuras digitales en España se van haciendo realidad. Por otro lado, el futuro anclaje de nuevos cables submarinos que conectarán Estados Unidos y África con Europa a través de España, más el interés de instalar grandes centros de datos en Madrid por parte de grandes corporaciones internacionales, acercarán a España a los líderes europeos del sector. Además, la implantación del 5G servirá para apuntalar la industria 4.0, el internet de las cosas, la robótica o los vehículos autónomos. Pese a todos estos grandes avances, el 13,4% de las zonas rurales en España todavía hoy no tiene acceso a internet de al menos 30 Mbps de velocidad a través de redes terrestres, por lo que se antoja prioritario dotar al medio rural de una cobertura mínima para no quedar descolgado definitivamente de la era digital.

Una era digital en la que el sector alimentario español estaba incorporado, siendo uno de los más destacados del mundo por su carácter avanzado e innovador. Durante la crisis, las empresas que habían apostado más decididamente por la tecnología fueron capaces de adaptarse mejor a los cambios repentinos, incrementando su eficiencia y productividad para ganar cuota de mercado o, simplemente, sobrevivir. El ejemplo más claro puede verse en el comercio electrónico de alimentos o e-commerce, un viejo canal que duplicó su volumen de ventas en el segundo trimestre de 2020 frente al trimestre anterior, en una tendencia que muy posiblemente continuará. La crisis sanitaria que aún se cierne sobre el planeta continúa y, si bien algún día desaparecerá, muchos de los cambios que ha provocado van a permanecer, fundamentalmente del lado de los consumidores. Los más adelantados no detienen su proceso de innovación, expansión y modernización. La era digital ya estaba aquí, y el sector agroalimentario tiene que acabar de subirse al tren de la digitalización que pronto circulará tan rápido que será imposible atraparlo en marcha.

DRON
Imagen de liu xiaozhong en Pixabay

Aportes de la transformación digital


El reto del sector agroalimentario ya estaba sobre la mesa, algo que no por tantas veces repetido es menos cierto: producir más alimentos para una población creciente, de manera más sostenible y con menos recursos. Y todo ello generando beneficios a todos los actores del sector que desean recibir un precio justo por su trabajo y por el valor que añaden en cada eslabón de la cadena. La transformación digital del sector agroalimentario y forestal puede contribuir a afrontar este reto. No se trata solo de digitalizar, que no es más que convertir o codificar en números datos o informaciones de carácter continuo, como una imagen fotográfica, un documento o un libro. La transformación digital implica disponer de datos que convertidos en información permitan tomar mejores decisiones para optimizar los resultados de los actores de la cadena. Esto supone mejorar el rendimiento, la producción, la calidad, la seguridad y los beneficios de las empresas, y también reducir el uso de agua y energía, los insumos, el impacto sobre los recursos naturales, el desperdicio, la sobreproducción, los tiempos o las pérdidas. Con todo esto, la misión es recopilar datos de buena calidad con nuevas tecnologías, almacenarlos y analizarlos para generar outputs que ayuden en la toma de las decisiones óptimas para aplicarlas haciendo uso también de las nuevas tecnologías disponibles. El suelo, las plantas y la atmósfera nos han hablado siempre. Columela lo escuchó hace 2000 años y lo tradujo al lenguaje escrito, y el mismo Isaac Newton hace 300 años lo experimentó en su propia cabeza para revolucionar la Física, según nos dejó testimoniado su amigo William Stukeley. Ahora, sin embargo, todos podemos escucharlo en un lenguaje que somos capaces de comprender, registrar y procesar, los datos, pudiendo además responder para dar buenos consejos. Sobre el manejo de datos se lleva trabajando decenas de años, aunque sea recientemente cuando se está transformando, eso sí, en un negocio. Y eso es
una buena noticia, porque es la iniciativa privada la que tiene que convertir en aplicaciones útiles para productores,transformadores y distribuidores todo el conocimiento generado en las últimas décadas por las universidades y los centros de investigación, y más recientemente en colaboración con las propias empresas que además crean y potencian sus propios departamentos de I+D+i. Y ahora, cuando la tecnología y la infraestructura digital ha evolucionado lo suficiente como para que pueda implementarse todo el conocimiento que requiere el manejo de grandísimos volúmenes de datos, pasando del No Data o el Black Data al Big Data, almacenados en la nube o cloud y procesados a demanda en entornos cloud computing, es posible que la colaboración público-privada convierta el conocimiento en aplicaciones maduras para su utilización por el sector. Al mismo tiempo, los actores que tienen que implantar la tecnología en el sector agroalimentario tienen la posibilidad de recibir la formación adecuada para hacerlo con éxito.
Es por tanto el momento de pasar, definitivamente, de las palabras a los datos y de los datos a los hechos.

TRANSFORMACIÓN DIGITAL
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Entramado empresarial


España cuenta con un importante ecosistema empresarial que aporta tecnología a la cadena de valor agroalimentaria, desde la producción hasta el consumo, compuesto por 400 pymes y startups, según el reciente informe sobre “El estado del foodtech en España 2020” realizado por Eatable Adventures. Un tamaño similar al de Francia y Reino Unido, pero muy alejado de Israel, Estados Unidos o Singapur, líderes a nivel mundial. Las empresas foodtech están acompañadas por universidades, administraciones públicas, agentes facilitadores y aceleradoras e incubadoras, que aúnan esfuerzos para transformar realmente la cadena de valor agroalimentaria. Algunas de las pymes foodtech más consolidadas comenzaron hace más de 20 años, aunque, según este mismo estudio, más del 60% tienen menos de tres años de antigüedad. Sólo en 2020 se han creado 52 nuevas startups foodtech. La mayoría de estas startups están aún en una fase de desarrollo muy temprana, con unas posibilidades de crecimiento y penetración en el sector muy importante. Actualmente, las empresas foodtech abarcan toda la cadena de valor agroalimentaria, destacando el área de la distribución y el consumo con un 44%, seguida de la transformación con el 39% y más alejada la producción primaria -agrotech- con un 17%. En todas las áreas predominan los servicios relacionados con el desarrollo de software y la analítica de datos, ya sea para automatizar con precisión cultivos, monitorizar ganado, prescribir sobre el uso óptimo de insumos, predecir cosechas y producciones, mejorar los sistemas productivos y de gestión en la industria o desarrollar nuevos canales de venta y plataformas de gestión en el área de distribución y consumo. No es de extrañar, por tanto, que las tecnologías –deeptech- más utilizadas por pymes y startups foodtech, según el mismo estudio, sean la Inteligencia Artificial (24,73%), Machine Learning (23,66%) o Blockchain (5,38%). El uso de sensores conectados, próximos y remotos, y el desarrollo de robots o maquinaria inteligente se sitúa en segundo lugar, principalmente en las áreas de producción agroganadera e industria de transformación, con un uso importante del ‘Internet de las Cosas’ -IoT- (17,20%) y la robótica (16,13%). Además, existe una elevada apuesta por el desarrollo de nuevos cultivos, productos, envases e ingredientes, donde tecnologías biotech son utilizadas por un 24.7% de las startups foodtech españolas. Ante este escenario, el sector agroalimentario se encuentra en un momento histórico, debiendo identificarse con gran claridad las barreras, así como los factores detonantes, para que el sector adopte las tecnologías que le ayuden a superar los grandes retos que tiene sobre la mesa. Debe apostarse por el impulso del ecosistema de pymes y empresas foodtech que debe adaptar la tecnología y el uso de datos a las necesidades del sector, sobre una base científica sólida y una analítica de datos rigurosa. El resto del ecosistema innovador de acompañamiento debe redoblar sus esfuerzos en beneficio de ambos. Por una parte, las universidades impulsando la formación en tecnologías habilitadoras para la transformación digital del sector agroalimentario y forestal, y junto a los centros de investigación dirigiendo su investigación hacia la transferencia al sector y la creación de startups foodtech. La Administración y las entidades públicas simplificando el desempeño de todo el ecosistema, incrementando la inversión en I+D+i y creando las condiciones adecuadas para el desarrollo sostenido del sector, el propio sector impulsando y facilitando la implantación de la tecnología y, las plataformas de incubación y aceleración de startups, junto con el resto del ecosistema innovador, diseñando programas específicos para el desarrollo, escalado e internacional de un negocio incipiente que tiene como cliente en España a un sector con un volumen de negocio que ronda los 300 mil millones de euros y, que a nivel mundial llega a los 14,5 trillones de euros, ¿porqué no al alcance del talento español? El “ecosistema foodtech” forma parte ya de la cadena de valor agroalimentaria. Debe, como el sector, apostar por una “cadena de valor de datos” en el sector agroalimentario, que conecte la producción primaria con la industria, la distribución y el consumidor. Debe ser integradora, interoperable, robusta, entendible, manejable y rentable para los que deben utilizarlas. Solo así los datos tendrán verdadero valor y se convertirán en un “insumo” más adoptado por el sector agroalimentario español que, con toda seguridad, demostrará una vez más su capacidad de adaptación a los cambios.


Adolfo Peña Acevedo
Profesor de ETSIAM y director del Máster en Transformación
digital del sector agroalimentario y forestal -DigitalAgride
la Universidad de Córdoba.
Francisco Javier Mesas Carrascosa
Profesor de ETSIAM y Co-director del Máster en Transformación
digital del sector agroalimentario y forestal -DigitalAgri- de la
Universidad de Córdoba.
Rosa Gallardo Cobos
Directora de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica
y de Montes (ETSIAM) de la Universidad de Córdoba

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